Ayer estuve en la presentación de la Fundación Irla del estudio sobre jóvenes y género, «Rebeldías que no transforman», sobre cómo el antifeminismo se está haciendo cada vez más fuerte entre la juventud, en este caso catalana, el aumento de los discursos reaccionarios, antifeministas, y negacionistas de la violencia machista.

Como el tema me interesa porque está muy relacionado con mi TFG, y hacia dónde quiero enfocar mi TFM, allí me presenté a escuchar las conclusiones del estudio. Dado que aún no he tenido tiempo de leer el informe completo, mis anotaciones se referirán únicamente a lo que allí escuché.

Y tengo que decir que el estudio me pareció interesante, una conclusiones muy inspiradoras, pero me parece que adolece de un problema importante, y es que se basa en fuentes secundarias, en encuestas. Y al estar hablando en muchos casos de una comunidad proscrita, para la que el anonimato es uno de los elementos fundacionales, las encuestas no capturan la profundidad de algunos elementos, que humildemente yo sí detecté cuando estuve infiltrada haciendo trabajo de campo para mi etnografía digital.

Una de mis objeciones, es que parecen utilizar modelos pensados para la generación millenial y boomer. De treinta y muchos en adelante, y no jóvenes y adolescentes como promete el título. Uno de los instrumentos es la teoría de Michael Kimmel en Hombres Blancos Cabreados sobre privación relativa y los derechos agraviados, una teoría que puede aplicarse como digo a la generación Millenial, los primeros que se han dado cuenta de que con un solo sueldo no se mantiene un hogar, de que no podrán ser cabezas de familia y mantener un hogar con su sueldo únicamente, que no podrán aspirar a retirar a su mujer de trabajar. Es un escenario que difícilmente se puede aplicar a los jóvenes y adolescentes de hoy en día, que ven como con un solo sueldo difícilmente pueden ni siquiera independizarse sin tener que compartir piso con otros 5 desconocidos.

En mi opinión, es una teoría que para jóvenes y adolescentes se queda absolutamente desfasada. Los jóvenes de hoy en día no ven frustrada su idea de poder mantener una familia con un solo sueldo, no es un derecho agraviado lo que perciben ahí. Lo que les cuadra es una crisis de expectativas. Se les prometió que estudiando una carrera conseguirían un buen trabajo, y con un buen trabajo podrían tener una casa, coche, familia. Aunque fuese con dos sueldos. Y se están dando cuenta de que estudiar no les garantiza ni siquiera un trabajo precario, y que un trabajo no les garantiza los ingresos mínimos de subsistencia. Así que están buscando modelos alternativos para sobrevivir a este escenario turbocapitalista. Modelos hipermasculinos. Si estudiar no me garantiza un trabajo, y un trabajo no me garantiza poder pagar el alquiler, levantarme a las 5 de la mañana, hacer 200 burpees, matarme en el gimnasio y hacer un curso de trading quizá sí me garantice un Lambo en el garaje en un año, y una mansión con piscina en cinco. A los chavales les hemos fallado como sociedad, y esos modelos hipermasculinos les ofrecen una alternativa. Ahí es donde emergen influencers como el Temach, Andrew Tate, Rodri Salas, el ínclito Llados, etc.

En ese sentido, me pareció muy interesante el abordaje de cómo llegan los jóvenes al contenido antifeminista. No entran buscando directamente contenido antifeminista. Les llega buscando por temas mucho más banales, relacionados con asuntos como ganar dinero, complejos e inseguridades, cómo ligar, etc. Y mezclado entre consejos de todo pelaje, es por donde se cuela el contenido relacionado con violencia de género, denuncias falsas, misoginia extrema, etc. Y precisamente por eso iniciativas como Broders me parecen muy interesantes para dar respuesta sana a todas esas dudas de los chavales, aunque no sé si el formato es el más adecuado. El tiempo nos lo dirá.

El papel de los medios de comunicación también me pareció un asunto en el que vi a los distintos ponentes, y en particular a Raül Romeva que cerraba la charla, bastante perdidos. Romeva nos habló de la responsabilidad de los medios, de los therias como paradigma de su falta de responsabilidad en los contenidos que publican, de cómo se dejan llevar por la marea de las redes sociales, de cómo le imponen su seña de credibilidad a contenidos de mierda. Mi mensaje en este sentido no puede ser más tranquilizador. No te preocupes, Raül, por lo que publiquen TV3, Racc1 o Catalunya Radio en sus redes sociales, porque a los chavales les importa un pimiento.

La conversación entorno a los therians y el papel de los medios de comunicación entre millenials y boomers más informados se ha centrado en lo fácil que es que los medios nos manipulen desviando el foco de la conversación a algo completamente falso. Los chavales no hablan de lo fácil que es para los medios manipularlos. Hablan de lo fácil que les ha resultado a ellos manipular a los medios. De cómo se han tragado el anzuelo de una tontería, un juego surgido de TikTok, una chorrada para crear contenido. Los medios se lo han creído y han ido con todo. Pero para los chavales no era más que un juego. Un trolleo colectivo. Se están riendo de los medios. Millenials y boomers se han dado cuenta de que los medios tienen poca credibilidad. Los chavales no. Ellos ya lo sabían, no han descubierto nada. Nos miran con condescendencia, como si fuésemos nosotros quienes acabamos de descubrir algo que para ellos era obvio desde hace mucho tiempo. Y los propios medios se lo han ganado a pulso.

Cuando se pusieron de moda los paywalls, el objetivo no era que pagáramos por leer el periódico online: el objetivo era que hiciéramos captura de pantalla del titular y la entradilla, y la difundiéramos por whatsapp y redes sociales. Por eso hemos visto cientos de veces noticias donde el cuerpo contradice abiertamente el titular, no es que lo matice o lo amplíe. ¿Y ahora nos sorprende de que los chavales no confíen en los medios y se informen por whatsapp y redes sociales? ¿De qué guindo nos hemos caído?

Pero mi principal objeción es sobre el optimismo en cuanto a la brecha entre las chicas y chicos en el antifeminismo militante. En la charla se puso de manifiesto la brecha existente entre el antifeminismo de los chicos, que está muy alejado del posicionamiento ideológico de las chicas en sus mismas franjas de edad, aunque en ellas la clase social sí es una variable con cierto peso explicativo (no en ellos). Excesivo optimismo es el que percibí, no lo voy a negar. Mi percepción es que esta brecha se está cerrando, la distancia cada vez es menor entre el posicionamiento ideológico de ellos y el de ellas.

Y es perfectamente lógico. No podemos esperar que todas esas expectativas que ellos están volcando sobre cómo ser una mujer, sobre lo que esperan de ellas (el body count, la promiscuidad, su actitud en redes sociales, su posición sobre la familia, sobre el feminismo, sobre el trabajo asalariado y los cuidados en el hogar, etc.) no tengan ninguna influencia sobre ellas. Los chicos les están diciendo claramente lo que esperan de ellas: que sean conservadoras, vírgenes, sumisas, que se rindan a su energía masculina y se dejen guiar por quien manda en la relación, que abandonen sus proyectos de futuro profesional y se centren en cuidar de la familia. Que si se desvían de este modelo y se pasan su juventud montadas en el carrousel de pollas, cuando lleguen a los 30 ningún hombre querrá tener una relación con ellas y se darán cuenta de que por culpa del feminismo y de la liberación sexual han tirado su futuro a la basura y lo que les espera es una adultez de soledad, gatos y lexatin. ¿Y esperamos que eso no tenga ningún impacto en ellas? ¿Que no sientan la influencia de la coerción social? ¿En serio?

Y para terminarlo de adobar, tenemos a influencers con discursos abiertamente antifeministas dirigidos a chicas muy jóvenes. Hablamos mucho de Roro y su mensaje de sumisión a Pablo, pero ahí están también Maricel Freire o Ramsey Ferrero que les dicen a las chicas que cuando lleguen a los 30 van a querer formar una familia, y que si se pasan desde los 15 montadas el carrousel, cuando lleguen a los 30 se darán contra el muro de la realidad: ningún hombre de valor las querrá, y entonces se preguntarán «¿dónde están los buenos hombres?». Estas influencers les cuentan que los buenos hombres de +30 están ligando con jovencitas de 20. No porque ellas sean inseguras y haya una clara desigualdad de poder, obviamente no. Les dicen que es porque no son promiscuas, porque les pueden ofrecer fertilidad (¡ja!). ¿Y esperamos que estos mensajes no vayan calando? ¿Que no tengan su influencia también en ellas? ¿Que esa brecha ideológica entre géneros no se vaya cerrando poco a poco? Estamos siendo muy optimistas, me temo.

No necesito recurrir a complejas teorías sociológicas para sustentar mi punto. Me basta con un elemento de la cultura pop: el combate de Roro Vs. Abby en la Velada del Año V. ¿Acaso pensáis que ver a todo el estadio abucheando al arquetipo de feminista mientras vitorean al arquetipo de chica sumisa, familiar y virgen no tiene ningún tipo de efecto en las chicas? ¿Que ese mensaje les resbala? Quizá estamos subestimando la influencia y el poder coactivo de la sociedad.

Y es que si ellos han obtenido sus propios modelos hipermasculinos que le den salida a su crisis de expectativas de futuro, los modelos que se les ofrecen a ellas no consisten en hacer burpees, matarse en el gym o invertir en criptos. Para que ellas puedan independizarse, las alternativas que se les ofrecen a las chicas son dos: creadora de contenido en onlyfans, o mujer de alto valor mantenida por un hombre proveedor que hace burpees y conduce un Lambo. No es extraño que las chicas que se revelan contra el primer modelo, caigan en el segundo. En el de la pickme. En el de la tradwife. En el de la mujer de alto valor.

O mucho me equivoco, o en los próximos años veremos cómo la brecha entre chicos y chicas jóvenes se estrecha cada vez más, y VOX pasa der ser un partido con un electorado hipermasculino, al partido referente entre la juventud de ambos sexos.

Addenda: precisamente El País acaba de publicar un artículo confirmando lo que he escrito en este post.

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