En la socialdemocracia clásica, la idea base es que unos pocos (ricos) paguen más impuestos para mejorar la vida de la mayoría.
En la post-socialdemocracia posmo contemporánea, la premisa consiste en que todos paguemos más impuestos para mejorar la vida de las minorías, “disidencias”, “en los márgenes”.
No puede ser un proyecto de masas con esa premisa de partida, así que la fórmula consiste en convertirlo en una etiqueta que asociar a la propia identidad: ser alguien que empatiza con las minorías, que se preocupa por los derechos de las personas más oprimidas, medalla de oro en las olimpiadas de la opresión, te otorga automáticamente el aura de “buena persona”, moderne, empátique, solidarie. Porque nadie quiere ser un antiguo, mala persona, insolidario, opresor. El debate entre reconocimiento y redistribución se ha saldado a favor de la palma dita en la espalda y el pin en la solapa del chaleco de dependiente del FNAC. Coca-Cola, Repsol y El Corte Inglés patrocinan estos actos del Orgullo. Y te das con un canto en los dientes.

. Por eso el Ministerio de Igualdad con Irene Montero al frente se olvidó de las mujeres y se centró en la minoría más minoritaria pero con mayor repercusión mediática que encontró, y su lucha la hizo suya: su legado quedará indefectiblemente asociado a la Ley Trans, y a la rebaja de penas a violadores porque primó el antipunitivismo por encima de los derechos de las mujeres. Los derechos de los agresores sexuales y de los puteros antes que los de las mujeres. Podíamos haber puesto el deseo en el centro y eligieron poner el consentimiento mercantilizable (sin coacción explícita, eso sí, muchas gracias).
Solo desde ese marco de identificarse como “buenas personas” empáticas y compasivas preocupadas por los derechos humanos de las minorías, las disidencias sexuales y las personas que viven en los márgenes se entiende la tracción que ha tomado una etiqueta punitivista como “TERF”. Cuando te acuso de “TERF”, lo que le estoy diciendo al mundo es “yo soy mejor persona que tú” a coste cero. Son el equivalente a aquellas mujeres que se reivindican antifeministas: creen vivir en el lado seguro, pero del feminismo en su caso. Quienes te señalan con el dedito y te acusan de TERF son las pickme del feminismo.

El problema viene cuando la derecha hace de la lucha contra esa conceptualización de lo que es “ser buena persona” un elemento asociado a la disidencia, al trolleo, al repetidor del instituto que buscaba la provocación gratuita. Y así es como esa idea de “ser buena persona” que pretende la posmo izquierda, y que hasta ahora se había criticado desde el concepto de “buenismo” o “la superioridad moral de la izquierda”, ahora se transforma en una palabra que conecta con el público joven de una manera radical: PRINGAO.
Por eso Elon Musk puede salir haciendo el saludo nazi y luego fingiendo que no sabe lo que ha pasado, ser imitado por otros líderes en un ejercicio coordinado de provocación, o Trump puede lanzar un vídeo hecho con IA promocionando un resort vacacional en Gaza que indigne a esa “izquierda woke” que disfrutan ridiculizando, y su electorado joven se descojona viendo cómo les “hacen rabiar”, en un lenguaje que los boomers puedan entender. Por eso los chavales “hablan bien de Franco” en los institutos. ¿Porque realmente creen que con Franco se vivía mejor, o por provocar al profesorado y hacerles rechinar los dientes?

El troll tiene la potencia de que conecta con el público joven que busca provocar, que va a la contra de lo socialmente establecido, que se rebela contra el discurso dominante. Y lo hace desde un lugar de enunciación que reivindica la masculinidad testosterónica que renuncia deconstruirse (con todo lo que ello implica). Así se rebelan contra la Agenda 2030, la tiranía woke, el feminismo, el anti racismo, incluso las pensiones y todo lo que les suene ligeramente a empatizar con alguien que no sea percibido de su propio grupo.La post-socialdemocracia posmo apela a preocuparnos por el otro, por un otro cuanto más lejano de su realidad de universitarios com buenos trabajos mejor: el inmigrante irregular, el preso, el proxeneta no coactivo, la pareja gay que desea un bebé con sus propios genes, la mujer trans, le niñe no binarie. Por contra, la derecha apela a preocuparnos por nosotros, y al resto que le follen, que espabilen, que cada palo aguante su vela.
Si soy un chaval joven que sabe que lo va a tener de culo en el mercado laboral, que por muchos burpees que haga no voy tener ni chalet con piscina ni Lambo en la puta vida, si la única vía de escape que percibo es pegar un pelotazo con las criptomonedas… que me llames privilegiado me va a entrar por un oído y me va a salir por el otro. Y llega un pirado con una motosierra al grito de “zurdos hijos de puta”, y es aclamado entre el electorado joven como a una estrella del rock. Y por eso Ayuso es la diva de la ultraderecha patria: ¿por su impecable gestión? No, porque “hace rabiar a los progres”.

Y así es como hemos llegado hasta aquí. Si la juventud es consciente de que no tiene futuro, pretender que se preocupen por otros lejanos no funciona. Y así fue como la socialdemocracia olvidó que había nacido con vocación de ser un proyecto de masas, mientras los gamberros de la clase dominan el mundo y la oposición se limita a apretar los puñitos muy fuerte y hacer vídeos con los labios pintados de rojo y el ceño fruncido, olvidando que tuvieron el BOE y eligieron TikTok.

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Artículo ibteresante! Me alegro que estés más activa!
Pd: hace poco me hice insta y X, te encontré no hace mucho, tienes cosas muy interesantes, espero que no te importe si hago alguna pregunta «novata»¿?.
Saludos!