Este artículo es un resumen de mi charla de este fin de semana en el III Congreso Internacional de Docentes Feministas por la Coeducación (Dofemco) sobre las redes incels y la extrema derecha como entornos de socialización digital de los chicos.

“Ok Charo”.

Cuando estaba haciendo mi investigación sobre el movimiento incel y MGTOW, una compañera de trabajo me dijo que su hijo de 13 años la llamaba «Charo». Y recuerdo que le respondí que su hijo, probablemente, estaba consumiendo contenidos en internet bastante cuestionables. Y me respondió que no lo decía solo su hijo, también lo decían todos sus amigos. Ah, pues me quedo más tranquila.

Solemos dirigir nuestra atención hacia los influencers que consumen los adolescentes, y que son la cara visible de ese discurso. Pero son solo la punta del iceberg. Esos influencers no producen los conceptos que utilizan los chavales y que dan forma a esa corriente de pensamiento. Solo lo popularizan.

Es un proceso que Elisa García-Mingo y Silvia Díaz Fernández denominan polinización: cómo la producción de este conocimiento de género salta de los foros más oscuros de internet de ideología incel, misógina y violenta, a los influencers que lo popularizan quitándole la capa más agresiva y dotándolo de un “sentido común” compartido, y de ahí a las charlas de café en el trabajo, los grupos de whatsapp de tíos, los vestuarios del gym, etc.

Pero ¿de qué conceptos estamos hablando, y por qué son tan peligrosos? En primer lugar, ¿qué significa “incel” más allá del insulto de moda?

Incel estrictamente hablando significa “célibe involuntario”, pero se ha convertido en una subcultura que va mucho más allá de la literalidad del término. Se trata de una comunidad de hombres con muy limitadas habilidades sociales, con un miedo atroz a las mujeres y a sufrir en sus relaciones (después de años investigándolos, sostengo que más que odio, lo que les mueve en primer término es el miedo). La cultura surgida de internet estaba compuesta por hombres adultos con miedo a un divorcio “abusivo” (a que su exmujer se quedara con la casa, el coche, los niños, el perro y la Thermomix), a una infidelidad, a criar un hijo que en realidad no es suyo, a una denuncia por violación o por violencia de género… Ese miedo ha constituido el germen de su comunidad, les paraliza a la hora de mantener relaciones con mujeres y condiciona la visión que tienen de nosotras.

 Y ese miedo se ha extrapolado a los adolescentes de hoy en día. 7 de cada 10 chicos de 12 a 21 años temen ser acusados injustamente de acoso sexual o violencia de género. Esto paraliza a la hora de establecer relaciones. Pero lo peor viene después. La mitad de los adolescentes, de ambos sexos, justifica actitudes controladoras. Porque si consideras que todas las mujeres son infieles por definición, el corolario obvio es que debes controlar a tu pareja para evitar que te sea infiel. Y el 30% de los chicos ni siquiera ve problemático pegar o amenazar a la novia.

En este caldo de cultivo crece y se reproduce el argumentario incel.

Más allá del insulto facilón, debemos considerar que tienen toda una cosmovisión completa que explica por qué el mundo es como es, y por qué ellos en concreto tienen tantas dificultades para establecer relaciones con chicas. En muchas ocasiones su discurso se parece a la fábula de la zorra y las uvas.

Hablamos de una serie de conceptos que reflejan una cosmovisión absolutamente misógina de la sociedad, y que constituyen su idea de qué es ser un hombre, y qué esperar de las mujeres. Y ojo, porque esto no solo afecta a los chicos, también impacta directamente en las chicas, al enseñarles lo que esperan de ellas.

  • El “body Count” es como el kilometraje de los coches, porque en su visión las mujeres y las relaciones son una cuestión de estatus. Por eso hablan también de hombres y mujeres “de alto valor”. El body Count, en resumen, es el número de parejas sexuales que una mujer ha tenido previamente. En su visión se da una importancia vital a la virginidad, y la fidelidad femenina es algo que no se contempla. Por definición consideran a todas las mujeres infieles por naturaleza. Lo que nos lleva al siguiente punto.
  • La hipergamia. Es un concepto que han extraído y malinterpretado de la psicología evolutiva, y que nos viene a decir básicamente que las mujeres se emparejan siempre con hombres de mayor valor que ellas. Tienen incluso un teorema matemático, el 20/80, que explica por qué el 20% de los hombres acapara el 80% de las mujeres. Lo que explica por qué ellos son incels.
  • Ginocentrismo: es la idea de que el mundo está organizado para proteger a las mujeres. La idea de que en caso de emergencia, “las mujeres y los niños primero”. En caso de guerra, quienes van al frente son ellos. Y de ahí pasamos a la ley de violencia de género, las cuotas, la discriminación positiva… Y te acaban hablando de que en España hay más de 400 leyes que benefician a las mujeres.
  • Simp: es el equivalente a lo que antes conocíamos como “pagafantas”. Es frecuente que en cada publicación online en la que un hombre haga un alegato mínimente feminista, sea respondido con un montón de replys del tipo “no te la vas a follar, bro”. Porque para ellos el sexo es la motivación principal, si no la única, para relacionarse con mujeres.
  • El carrousel: se trata de una imagen muy gráfica, montarse en el carrousel de pollas. Describe una época de la vida de la mujer, que podríamos situar entre los 15 y los 30, caracterizada por la promiscuidad. Una mujer con kilometraje, con experiencia sexual, es una mujer indeseable para una relación a largo plazo.
  • El muro: es de hecho una fantasía masturbatoria incel. Representa ese momento en que las mujeres, alrededor de los 30, se dan “contra el muro de la realidad” y son conscientes de que ningún hombre las va a querer, que han desaprovechado sus mejores años montadas en el carrousel de pollas, y a partir de ese momento empiezan a preguntarse “dónde están los hombres buenos” para formar una familia.

Este es el momento en el que creen que su fantasía de venganza se hará realidad, y todas las mujeres que les han rechazado en su momento, a las que ni siquiera se atrevieron a acercarse, tendrán un futuro marcado por una soledad como la que ellos viven en la actualidad. El futuro que desean para las mujeres es su presente. Por eso nos dicen que “gatos y vino serán tu destino”, o “alcohol, whiskas y lexatin”. Están luchando contra un gato imaginario, y van perdiendo.

El carrousel, la hipergamia y el muro son las tres patas de una cosmovisión que ellos consideran está destruyendo la estructura de la sociedad. Tienen idealizado el modelo de relación años 50 y consideran que el feminismo, al promover la liberación sexual de la mujer, ha destruido los pilares de la sociedad occidental. De hecho, en su versión más extrema como la de Anders Breivik o Elliot Rodger, envidian el modelo de relaciones entre hombres y mujeres de la sharía hasta el punto de promover en Europa una sharía blanca que devuelva a las mujeres al hogar, prohíba el aborto y el divorcio y las obligue a parir niños blancos. Porque si las mujeres no desean relacionarse con ellos de manera voluntaria, habrá que obligarlas a la fueza.

Los influencers en redes sociales están enseñando a los chavales cómo ser un hombre de éxito, cómo comportarse con las mujeres es un elemento más. Cómo ser un hombre de alto valor. Tiktok está lleno de trends de hombres proveedores, hombres de alto valor, y también de mujeres de alto valor. Y esto nos habla del miedo que provoca una crisis de expectativas. Cuando estudiar una carrera y encontrar un trabajo ya no sirve para poder independizarse y formar una familia, se buscan vías alternativas. Levantarse a las 5 de la mañana y hacer burpees para lograr un Lambo, una mansión con piscina y una modelo sudamericana.

Y este discurso no solo está impactando en los chavales. También en las chicas. Cada vez son más las influencers que reproducen este mismo discurso incel en comunidades dirigidas a chicas muy jóvenes. El modelo “Roro” de chica que cocina para su novio y dedica todo su tiempo y energía a cumplir sus deseos es uno de los más conocidos sin duda, pero no es el único. Otras influencers que también acumulan millones de seguidores tienen un discurso muy parecido aunque no tan blandito, en el que les dicen a las mujeres que el empoderamiento y la promiscuidad sexual las van a llevar a una vida de soledad porque ningún hombre las va a querer, y que pronto se darán cuenta de que su deseo realmente es casarse y ser madres pero ya será demasiado tarde para eso si siguen la llamada del feminismo.

En el caso de los chicos, pueden encontrar una alternativa de futuro levantándose a las 5 de la mañana y haciendo burpees. O, si el gym no es lo tuyo, siempre puedes hacerte criptobro, mudarte a Dubai y hacerte rico vendiendo cursos sobre como vender cursos. Pero ¿qué les queda a las chicas? Esta cosmovisión solo les deja dos alternativas de futuro para poder independizarse: ganar su propio dinero como “modelo de onlyfans”, o convertirse en una “mujer de alto valor” y ser mantenida por un hombre proveedor. Una para cada uno, y unas cuantas para todos. No hay escapatoria para ellas. No es extraño que las chicas que no desean ser “creadoras de contenido” en onlyfans rechacen ese modelo y se decanten por su opuesto: la pickme, la tradwive, la “mujer de alto valor”.

No hace falta que os explique a ninguna de las que estamos aquí los peligros para una mujer de renunciar a tu independencia económica, a tu carrera laboral, para poner todo tu futuro en manos de un hombre “de alto valor”. Especialmente en un momento en que el 50% de los adolescentes justifica actitudes controladoras porque parten de la premisa de que todas las mujeres son infieles por la hipergamia, y el 30% de los chicos minimiza pegar o amenazar a su pareja.

No podemos dejar a las chicas solas y desarmadas en un contexto en el que los chicos están socializando en la violencia misógina extrema y minimizando la violencia de género. Si queremos un futuro libre de violencias para las mujeres, es nuestro papel detectar y desarmar esta cosmovisión.

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