Este artículo es un resumen de mi intervención en las II Jornades Catalanes de la Dona, donde participé en la mesa de FUTURO.

Han pasado 15 años desde el 15-M. Da vértigo pensarlo, ¿eh? Era 2011 cuando llenábamos las plazas de toda España, de todo el mundo. Y aquí estamos.

SIN CASA. SIN CURRO. SIN PENSIÓN. SIN MIEDO.

Os acordaréis, sin duda. Indignación, acampadas, manifestaciones, asambleas… Y la victoria del PP que vino después.

15 años después, estamos peor. En la primera década de los 2000 se fundó la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Hoy la juventud sabe que una hipoteca es casi un sueño inalcanzable. Aspiran a un alquiler asequible en un piso compartido con 5 desconocidos. Entonces el objetivo a abatir eran los banqueros, hoy son los rentistas.

Aquella indignación que llenó las plazas de todo el mundo no se ha apagado: ha cambiado de bando. Porque el contexto ha hecho que las condiciones de entonces sean hoy mucho más duras. Pero no vengo a hablar de pasado ni de presente, esta es la mesa de Futuro.

La Generación Z creció viendo como los millenials nos partíamos la cara para no conseguir nada. Y han buscado alternativas que no pasan por lo colectivo, sino por lo individual. Ellos saben perfectamente que el contrato social que la generación millenial heredamos, basado en estudiar para lograr un trabajo estable, una vivienda en propiedad y una familia, se ha roto para ellos. Los sindicatos no les ofrecen una alternativa de lucha, su imagen está completamente devaluada y las cifras de afiliación sindical bajo mínimos. La sociedad civil y el asociacionismo no les ofrecen alternativas válidas. 

Y la fórmula que muchos están encontrando pasa por levantarse a las 5 de la mañana, hacer burpees, matarse en el gym, y dejarse seducir por un modelo de hipermasculinidad que les ofrece seguridad, una guía de comportamiento con un objetivo claro: la mansión y el Lambo. 

TikTok está lleno de contenido dirigido a jóvenes y adolescentes que les habla de cómo ser un hombre proveedor, un hombre exitoso que aspira a mantener a una mujer con skin de supermodelo, una mansión con piscina y un Lambo en el garaje. Y les vende cursos sobre cómo lograrlo con pasos claros para crear su marca personal, hacer reels y storys para Instagram, y venderles el mismo curso a otros jóvenes igual de perdidos que ellos.

No es una fantasía aspiracional: es una estafa piramidal.

En este contexto, además, el feminismo ha venido a romperles por completo los esquemas. La generación Millenial es la generación de las mujeres que hemos escuchado a nuestras abuelas recomendarnos ser independientes, estudiar, tener nuestro propio dinero, no depender de un hombre. La Generación Z es la generación de los hombres que aspiran a volver a los roles de sus abuelos porque no escucharon a sus abuelas. 

Michael Kimmel nos habla de una humillación con una profunda marca de género. Los hombres millienial aseguran que desean cuidar de sus familias y pretenden hacerlo por sí solos y que sus mujeres no tengan la obligación de trabajar. 

La novedad en la Generación Z consiste precisamente en todo un movimiento, el de las tradwives, que conecta con esa fantasía del hombre proveedor, exitoso y de alto valor, con las frustraciones de toda una generación de chicas para quienes el trabajo asalariado tampoco les ofrece esa promesa de independencia. NO VAS A TENER UNA CASA EN LA PUTA VIDA. 

¿Qué les queda? ¿Ser modelo de onlyfans para poder aspirar a una vivienda propia y a independencia económica? Cuando las chicas rechazan ese modelo hipersexualizado, están virando en la dirección opuesta: hacia el modelo tradwive o el modelo de mujer de alto valor.

Y cuidado porque si bien es cierto que hay una brecha importante entre la autoidentificación política entre hombres y mujeres, esta brecha se está cerrando desde 2022, con las mujeres virando hacia la extrema derecha desde posiciones tradicionalmente más a la izquierda.

Era ilógico pensar que esos discursos que exaltan la hipermasculinidad, que hablan de lo que es ser un hombre y de lo que un hombre espera de las mujeres, no tuviese ninguna influencia en ellas, que viven en el mismo contexto de futuro sin expectativas: 

SIN CASA. SIN CURRO. SIN PENSIÓN. CON MIEDO. CON MUCHO MIEDO Y MUCHA INCERTIDUMBRE.

Los discursos de la hipermasculinidad ensalzan virtudes como la feminidad, la castidad, la humildad, no tener amigas, no relacionarse con hombres, no tener redes sociales. Y apelan a los miedos más arraigados de las chicas, aquellos que la sociedad se ha encargado de transmitirles desde bien pequeñas como lo peor que les puede pasar en la vida: TE VAS A QUEDAR SOLA. NINGÚN HOMBRE TE VA A QUERER.

A las mujeres que estamos aquí nos hace bastante gracia esa expresión de “gatos y vino serán su destino”. Están peleando contra un gato imaginario, y aún así van perdiendo.

Pero pongámonos por un minuto en la piel de las chicas de su misma generación. Chicas a las que el trabajo remunerado no les ofrece en realidad ninguna garantía de independencia económica, que saben que se enfrentan a las mismas dificultades que ellos para acceder a la vivienda, pero además con el hándicap del acoso sexual, de la hipersexualización, la idea siempre presente de que si vienen mal dadas siempre puedes recurrir a la prostitución para “empoderarte”. O hacerte un onlyfans.

Estos discursos promueven volver a los antiguos roles de género, del hombre proveedor y la mujer ama de casa, pero revestidos de cielo halo aspiracional. La imagen que se les transmite no es la que ilustraría la portada de la Mística de la Feminidad, de Betty Friedan. La imagen de “mujer de alto valor” que se les transmite es la de una mujer poderosa, cuyo valor reside fundamentalmente en su cuerpo, y en el acceso que permite o no a él. 

No les hablan abiertamente de explotar su capital erótico, como cierto discurso proxeneta, pero sí les habla de utilizar su cuerpo y gestionar el acceso a él como una herramienta que les permita ascender en la escala social.

Y así llegamos a la situación actual y al pendulazo que se viene. Actualmente, los menores de 35 años, y particularmente los hombres de entre 18 y 34 años, son el principal activo de la extrema derecha.

Por no haber sabido dar solución a las expectativas de futuro de los indignados durante el 15-M, sus hijos están virando hacia la extrema derecha, hacia modelos que ensalzan la hipermasculinidad más tóxica y agresiva, que promueven volver a los roles de género más arcaicos, 

que niegan la violencia de género o creen que es un invento ideológico con intenciones políticas, que te hablan de cerrar chiringuitos,

Que sostienen sin inmutarse que el feminismo ha ido demasiado lejos y que ahora son los hombres los verdaderos discriminados

Que tienen miedo de ser acusados injustamente de acoso sexual o violencia de género… Ya ni hablamos de temas como el aborto, el papel de la mujer en las decisiones familiares, la libertad sexual (recordemos que el arquetipo al que aspiran es una mujer virgen, sin redes sociales y sin amigos) o la libertad para decidir su carrera profesional.

¿y quienes son quienes piensan todo esto? Más del 80% de los votantes de VOX. Especialmente hombres jóvenes menores de 35 años.

Este es el panorama que les estamos dejando a las chicas. Este es el futuro con el que van a tener que lidiar, y es responsabilidad nuestra no dejarlas solas, darles las herramientas para que esta ola reaccionaria que se viene no acabe destruyendo su libertad, su derecho a una vida sin violencia y sus opciones de futuro.

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